viernes, 15 de mayo de 2009

Noche bohemias


El sonido de la noche me hace recordar lo que una salida se hace inolvidable, gracias a mi dolor dormí horas y horas y me encuentro en un insomnio incomparable. Observo mí alrededor y me pongo a cuestionar que me gustaría ir a dar una vuelta a ver la noche infinita acompañada de las estrellas que guían a mi camino.
Me pregunto como estarán esas cervezas, que es rico sentir el ambiente bohemio y la música a un volumen que solo hace murmullos y lo que las personas congregadas debaten sobre algún tema de interés. Mirando a algunos sentados en el bar solos tomando un whisky o aquellas mujeres celebrando una despedida de soltera, sintiéndose felices por su amiga que tarde o temprano olvidara aquel lugar. Me gusta ese grupo de amigos que ríen de sus experiencias y recuerdan sus anécdotas, opinando de las mujeres en sus vidas y lo bien que se sienten cuando están sin ellas pero al rato las extrañan. Que ganas de estar sentada con un vaso y un cigarro, observando a las personas, escuchando la leve música jazz y pensando en lo bello que es la noche.
Las calles húmedas y vacías le dan le toque esencial al momento, escuchando mis tacones y mirando hacia el frente y susurrando una canción que sonaba en una casa.
¿Que será después de aquella noche?, donde mi soledad me pidió viajar y con tan solo un abrir y cerrar de ojos me encontré en un lugar que jamás había estado. Creo que el silencio de la noche me extasío con sus sonidos y despertó lo que tanto deseaba y que mi imaginación lo creo para mi y que las estrellas sabían lo que pasaría.
El sonido del viento que pega en la ventana y el frío que se impregna en mi cuerpo me recuerda la oscuridad me tiene un sueño de obsequio y que mi cama será mi transporte para volver a la noche.

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