Día lunes a las 0:41 horas, despierta y pensando en una película que marco mi manera de pensar. Algunas películas tienen el don de entretener, emocionar y disgustar, pero pocas tienen el don de marcar, esta me marco, cambio mi manera de pensar, de ser e incluso de amar. La vida es una película, tiene un inicio, desenlace, climax y final. Cada uno es protagonista de su vida, pero a veces nos sentimos actor secundario, no es lo ideal por cierto. Cada día mas me siento actriz secundaria, no puedo disfrutar de mis escenas porque siempre se ven opacadas por lo de los demás, quiero tener una historia de amor, quiero ser yo la protagonista, pero como? si siempre seré la mejor amiga de la protagonista, aunque yo no lo quiera, hasta el punto en que mi agotamiento es enorme y solo queda mas que decir adiós.
Un día en el cine. Era la única sola sentada en la sala, parejas por todos lados que en realidad no van a ver la película, sino crear un ambiente romántico. Familias completas, niños que no tienen el don de estar sentados en un solo lugar. Y yo aún sola en el cine. Me gustaría dar un paseo por las calles admirando la arquitectura de la ciudad, caminando a paso lento, sintiendo mis pies en la tierra, escuchando música agradable y pensando en nosotros. Sentada en un banco de la plaza veo la gente pasar rápidamente sin observar el hermoso día que se poso hoy en la ciudad. Un sol de invierno ilumino las hojas secas de los árboles dándole un color especial y agradable, parecía un día de película. Pensando en el guión, el contexto, la trama y la historia que podría usar para que marcara más de algún corazón y recordando lo lindo del final feliz, terminado con un beso y vivir juntos para siempre.
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