
A veces me gusta escribir lo que me pasa, cosas que me dejan algo dentro, que no se detienen en mi mente, debe ser porque es importante, pero como saberlo, quizás sea algo pasajero o tal vez algo de siempre. Hace mucho que no tenía esa sensación pero no es lo mismo, más bien el objetivo soy yo.
Escuchando a Barría se me vienen recuerdos que pasaron frente mis ojos sin darles importancia, pero que claramente me dan las respuestas al acertijo en el que estoy metida. A veces pienso que gracias a todos los tropiezos, experiencias y personas te dan cada día un punto de madurez y cada vez que te paras a contarlos te das cuenta lo cambiado que están tus pensamientos, historias, tu voz, tú alma.
Me gusta mirar atrás, ver todo lo que he dejado mientras camino al final del viaje tormentoso, las escenas que revives te dan risa, pena, vergüenza o simplemente nada. Este es el momento en donde quieres compartirlo, decírselo a alguien que te entienda, alguien que aprecie tus conclusiones. Pero cuando estas solo al único que puedes acudir es a ti mismo.
Mi cabecita loca no guarda los días, pero si la música y recuerdo con tanta claridad aquella canción que no se si haya sido importante para el emisor pero para el receptor fue muy agradable y valioso. Cada vez que pienso en ella deseo volver a escucharla, deleitándote con los sonidos de un piano y una voz, pensando en cosas que ya habías olvidado, momentos que según tu nunca los viviste, pero he aquí el momento donde deseas estar, aquel atardecer con el que has soñado diariamente y que aun no lo puedo encontrar.

